El Gremi de Recuperació de Catalunya y Ecoembes han formalizado un acuerdo de colaboración para mejorar la eficiencia en la gestión de los residuos de envases en Cataluña. Marcado por el nuevo Reglamento Europeo de Envases y por el futuro despliegue del SDDR, el convenio abre un espacio de trabajo conjunto entre agentes clave de la cadena de valor. Hablamos de todo ello con Victoria Ferrer Maymó, Directora general del Gremi de Recuperació de Catalunya.
¿Cuál es el objetivo principal del convenio entre el Gremi de Recuperació de Catalunya y Ecoembes y qué representa para el sector?
Con este acuerdo, ambas entidades se reconocen como interlocutores para colaborar en la mejora y eficiencia de la gestión de residuos de envases en Cataluña. Ecoembes, como principal SCRAP de residuos domésticos, cuenta con una larga trayectoria en este flujo, y el Gremi de Recuperació de Catalunya, al aglutinar al 90% de las empresas que operan con envases, aporta una visión más empresarial.
El Gremi de Recuperació de Catalunya, ante los cambios que supondrá el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), debe velar para que la gestión de los residuos y el mercado de las materias primas secundarias se desarrollen de la manera más eficiente posible. Además, teniendo en cuenta que la economía circular es una economía colaborativa, deben colaborar todos los agentes de la cadena de valor.
Por este motivo, este convenio llega en un momento clave, marcado por los cambios que introducirá el nuevo sistema, tanto en los envases a los que afectará como en aquellos que continuarán en el contenedor amarillo.
El sector de los envases se encuentra inmerso en un importante proceso de transformación normativa. ¿Cómo valoran la entrada en vigor del nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR) y cuáles creen que serán los principales retos de los próximos años?
Nos encontramos ante un tsunami normativo en muchos aspectos, con cuestiones que tienen una gran trascendencia para las empresas, aunque quizá no tanta para el medio natural. Aspectos de la normativa como el diseño para el reciclaje, el material reciclado incorporado o la ecomodulación son grandes hitos que, sin duda, aportarán materiales más circulares al mercado, pero habrá que ver cómo se desarrolla en la realidad todo lo que queda plasmado sobre el papel.
Cabe decir que España debe transponer el PPWR y, por tanto, nos encontraremos ante un nuevo real decreto de envases. Veremos cómo se desarrollan algunos aspectos que dan pie a interpretación.
Uno de los temas que genera más interés es el futuro Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). ¿En qué punto se encuentra actualmente su desarrollo en España y cuáles son, a su parecer, los principales pasos que todavía quedan pendientes?
En este sentido, hay algunas entidades que se están autorizando para ser operadores logísticos del sistema. No es ninguna novedad que tanto AECOC como Ecoembes han realizado algunas declaraciones postulándose como operadores, pero todavía no sabemos cómo se articulará el sistema. Lo que sí intuimos es que no será un sistema que veamos este 2026; creemos que se implantará hacia 2029, tal como marca el reglamento europeo.
Como recicladores, para nosotros este sistema aporta más cantidad y más calidad de material. Lo que habrá que ver es cómo tendremos acceso a él. Actualmente contamos con las subastas de Ecoembes, pero cuando se instaure el SDDR, al existir diferentes modelos, deberemos ver a quién tendremos que comprar el material.
Al haber diferentes modelos, podemos encontrarnos con que sea un único operador logístico quien controle el sistema, que haya más de uno, o que cada productor se organice para recoger sus propios envases y sea este quien los subaste a los recicladores. Puede haber muchas fórmulas, y muy diversas. Tendremos que esperar a que el sistema se organice.
Desde la perspectiva del sector de la recuperación, ¿qué impacto prevén que tendrá el SDDR sobre la cadena de valor de los envases y sobre los sistemas actuales de recogida y reciclaje?
Lo que está claro es que los envases con un valor más alto del actual contenedor desaparecerán del sistema del contenedor para pasar a un sistema que ya los separará por tipología de material, incluso por color. Para los recicladores, esto es una buena noticia, porque hace más eficiente lo que obtienen como materia prima secundaria, al estar más limpio y seleccionado.
Pero, para el sistema de los contenedores, se trata de una fracción que se vendía a un coste y que ahora irá por otro circuito, lo que supone un reto económico. El triaje del contenedor amarillo deberá seguir realizándose, pero quien sufrague estos costes solo contará con los ingresos de los materiales valorizables, que tienen un valor de mercado muy inferior al del PET o el aluminio.
Para poder garantizar el sistema de contenedores, deberán recalcularse las ecotasas que pagan los envases del contenedor amarillo, y también deberán reformularse las plantas tal como las tenemos diseñadas hoy en día. Algunas tendrán que transformarse en plantas de conteo del SDDR, algunas pasarán a gestionar otros flujos, y otras necesitarán inversión para maximizar el valor de lo que reciben; es decir, para separar más.
¿Qué considera imprescindible el Gremi para garantizar una transición ordenada hacia el nuevo modelo SDDR?
Que se haga teniendo en cuenta a todos los agentes de la cadena de valor; que haya una mesa de consenso sobre cómo implementamos un sistema que tendrá una repercusión tan grande para el sistema de recogida de residuos. Y que se premie el bien común por encima de los intereses individuales.
¿Qué recomendaciones harían a las empresas del sector del vending para afrontar este periodo de transición y prepararse ante los cambios que puedan derivarse del PPWR y del futuro desarrollo del SDDR?
La mejor manera es estar informados. Pertenecer a asociaciones que nos expliquen las normativas con un lenguaje claro es la mejor forma de poder tomar decisiones. Cuando tenemos la información, debemos plantear diferentes escenarios y, en función del riesgo que queramos asumir, optar por ser innovadores, más conservadores o inmovilistas.
Cualquier opción es válida, pero todas tienen resultados distintos. Ser el primero en implementar un sistema que rompe con la inercia del mercado siempre es arriesgado, pero quedarse atrás también lo es.
La economía circular es una economía colaborativa, como hemos dicho, y al final entre todos debemos garantizar las mejores soluciones sostenibles y económicamente viables.

