La Associació Catalana de Vending i Unattended, ACVIU, ha abordado en una mesa espacial durante su Asamblea General Ordinaria, celebrada el 20 de mayo en el BCIN Badalona, uno de los asuntos con mayor impacto presente y futuro para la actividad del vending: “El reto del producto saludable en el vending: viabilidad, oferta y salud pública”. La sesión reunió a representantes de la administración, operadores y fabricantes con el objetivo de compartir diagnósticos, contrastar dificultades y avanzar en posibles líneas de trabajo conjunto en torno a una cuestión que afecta de lleno a la viabilidad del servicio, a la evolución de la oferta y al papel del vending en espacios públicos especialmente sensibles.
La mesa contó con la participación de Gemma Salvador Castell, nutricionista de la secretaria de Salut Pública y de la Subdirecció General de Promoció de la Salut de la Generalitat de Catalunya; Xavier Arquerons Palom, CEO de Arbitrade; Airton dos Santos Pedro, fundador y CEO de vendinGO; e Isaac Guerra, presidente de la ACVIU, que ejerció de moderador. El encuentro dio continuidad al trabajo que la asociación viene desarrollando en los últimos meses, con diversas reuniones mantenidas con el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya y con la Agència Catalana del Consum, y se planteó como un paso más para ordenar posiciones y buscar vías realistas de adaptación.
Qué significa producto saludable en una máquina de vending
El punto de partida fue la propia definición de producto saludable. Gemma Salvador recordó que, desde la perspectiva de salud pública, el concepto no responde a una opinión sino a criterios basados en la evidencia científica y alineados con organismos como la Organización Mundial de la Salud. Así, Salvador explicó que un alimento saludable debe ser, en primer lugar, seguro, pero también responder a parámetros nutricionales que priorizan alimentos básicos, poco procesados y con especial atención al contenido de azúcares añadidos, sal y grasas trans. En el caso del vending, donde la oferta se basa mayoritariamente en producto envasado y con requisitos concretos de conservación, formato y rotación, este marco obliga a trasladar esos criterios a unidades de consumo y a productos capaces de funcionar en una máquina expendedora.
Desde el sector se subrayó que la cuestión no puede analizarse únicamente desde la clasificación nutricional y Xavier Arquerons defendió, en este sentido que el debate se sitúe también en el terreno de los hábitos de vida saludables y del momento de consumo. Explicó, además, que algunas empresas ya utilizan herramientas internas, como calculadoras nutricionales, para determinar si una referencia cumple con el Real Decreto o con las instrucciones aplicables en Cataluña. Sin embargo, consideró que un sistema más claro y comprensible, similar al Nutri-Score o adaptado a lo que determinen las autoridades, facilitaría el trabajo a operadores, fabricantes y consumidores.
Espacios protegidos, demanda real y viabilidad económica
Uno de los ejes de la conversación durante la mesa redonda fue, también, la diferencia entre espacios en la aplicación de normativas sobre venta de productos saludables. Salud pública distingue entre entornos libres, como la calle o el transporte, y espacios de protección, como centros educativos y sanitarios. Salvador defendió que en hospitales y centros de salud la oferta alimentaria debe ser coherente con la prevención y la promoción de hábitos saludables. También recordó que en Cataluña las máquinas expendedoras no están implantadas en la escuela pública y que el debate se concentra sobre todo en universidades, centros sanitarios y otros equipamientos públicos. La instrucción catalana del ámbito sanitario, basada en un equilibrio del 75% de oferta saludable y un 25% de oferta libre sin restricciones, fue presentada como una fórmula de protección, no de prohibición, aunque su aplicación todavía es desigual.
Los operadores, por su parte, insistieron en que la norma debe ser viable. Arquerons puso sobre la mesa una experiencia realizada en un centro hospitalario en la que se sustituyó toda la oferta por producto saludable. El resultado fue una caída de ventas del 27,6%, mientras parte de los consumidores optaba por comprar fuera del recinto aquello que no encontraba en la máquina. Para el sector, este ejemplo evidencia que el producto saludable solo cumple su función si el consumidor lo elige y que las medidas deben aplicarse de manera coordinada con cafeterías, comercios y otros puntos de alimentación situados en los mismos espacios.
La disponibilidad real de producto fue otro de los grandes asuntos tratados. Airton dos Santos Pedro diferenció entre productos que pueden percibirse como saludables y productos que cumplen estrictamente los requisitos del Real Decreto. En el segundo grupo, señaló, la oferta continúa siendo muy limitada. El fabricante no suele desarrollar referencias específicamente para vending, sino para mercados masivos con mayor volumen y rotación. Adaptar una receta, modificar formatos o lanzar una línea específica implica inversiones, meses de desarrollo, costes de materia prima superiores y un riesgo comercial elevado si no existe una demanda garantizada.
El precio apareció como una de las principales barreras. Los productos con mejores perfiles nutricionales suelen incorporar ingredientes más caros, sustitutos del azúcar, proteínas o conservantes naturales, y además se producen en volúmenes más reducidos. Todo ello puede encarecer significativamente el producto final, en un canal donde la rotación, la logística y la merma son variables decisivas. Los participantes coincidieron en que la demanda y el precio están estrechamente vinculados: si el producto rota, los costes pueden ajustarse; si no rota, el operador asume un mayor riesgo y el fabricante encuentra menos incentivos para innovar.
Propuestas para avanzar: coordinación, información y gradualidad
También se apuntaron oportunidades. La reformulación de productos conocidos, como pasar de frutos secos con sal a opciones sin sal, se percibe como una vía con mayor aceptación que la introducción abrupta de referencias muy alejadas del consumo habitual. La información al consumidor fue otra línea destacada. Se planteó la utilidad de sistemas visibles o códigos QR que permitan consultar de forma sencilla la composición de los productos disponibles en la máquina, especialmente cuando el etiquetado queda lejos o no es legible antes de la compra. Para salud pública, la información, la sensibilización y la protección de determinados espacios forman parte de una misma estrategia.
En la parte final de la mesa se formularon propuestas de trabajo. Arquerons reclamó criterios más homogéneos, progresivos y fáciles de aplicar, así como una transición que permita al sector adaptarse sin poner en riesgo la continuidad del servicio. También se planteó la necesidad de revisar cánones en licitaciones públicas, de forma que la exigencia de una oferta más saludable no recaiga exclusivamente sobre el operador. Salvador consideró razonable que esta negociación se aborde con el Servei Català de la Salut y que se utilice la propia documentación que justifica la instrucción sanitaria para dar viabilidad económica a su cumplimiento.
Dos Santos Pedro propuso crear una mesa técnica estable entre fabricantes y operadores para identificar productos prioritarios, compartir datos reales de ventas, ajustar gramajes y formatos, y orientar el desarrollo de nuevas referencias. La ACVIU recogió así un mandato claro: mantener abierto el diálogo con la administración, trasladar las necesidades del sector y favorecer un marco que combine salud pública, libertad de elección, información al consumidor y sostenibilidad empresarial.
La celebración de esta mesa redonda confirmó que el producto saludable en vending no es un debate accesorio ni coyuntural, sino un reto estratégico. Por ello, la ACVIU mantiene esta cuestión como una prioridad en su agenda sectorial, consciente de su trascendencia para el sector y de la necesidad de que cualquier avance se construya desde el conocimiento real del canal. La conclusión compartida fue que hay margen para mejorar la oferta, pero que esa mejora exige coordinación, gradualidad, reglas comprensibles, incentivos adecuados y una colaboración efectiva entre administración, operadores y fabricantes.







